miércoles, 10 de marzo de 2010

La Gran Conversación

Un instante antes estaba conduciendo su coche tan feliz, y ¡zas!, al siguiente estaba metido de lleno en la Gran Conversación, sentado ante una mesa enorme y con millones y millones de tertulianos que hablaban ordenadamente sin necesidad de ningún moderador.
-...Y además, no creo que nadie desee volver ahí abajo, ¡ni hablar! Es algo que no puedo concebir: que, tras probar esta pureza, alguien sea capaz de renunciar a ella ni por un segundo.
-Pues aquí el amigo- dijo otra voz- lo hizo hace un tiempo. Volvió, y lo hizo porque le dio la gana; supongo que tendría algo que demostrar.
-No tenía nada que demostrar, pesados- dijo una voz clara-. Debía hacerlo, y punto. Además, no he sido el único. ¿Por qué no le dais la barrila a otro?
-¡Uy!- intervino el recién llegado-. Pues todavía están esperando que vuelvas otra vez.
-¿Sí? Pues que esperen sentados.
-Eso te pasa por prometer cosas que no estás dispuesto a cumplir. En mi época también te esperábamos, y nunca apareciste.
-Ni en la mía. Si existiese el dolor para nosotros, ahora mismo te daba un coscorrón.
-Que me dejéis en paz, ya. Que ya sufrí lo mío.
-Claro, claro. Y los demás también, ¿eh? A mí me persiguieron como a un perro, sólo porque nací con una malformación en la cabeza. Si hubiera sabido que aquí todos somos iguales, no habría permitido que nadie me pusiese encima su sucio pie. Tú- se dirigió a otro- eras uno de los que me apaleaste. ¿Por qué no te castigaron nunca?
-Sí que lo hicieron. Aquella dama de allí quebró mi corazón y luego me envenenó para quedarse con mi fortuna. Siempre, cuando subes aquí, te das cuenta de que ninguna mala acción se queda sin su correspondiente castigo. ¿Qué te pasó a ti, preciosa?
-Aspiré demasiado alto, y cuando me encontré arriba del todo descubrí que no había ningún asidero donde poder agarrarme; así que caí en picado y me estrellé. Pero no estuvo mal para una chica que había nacido y trabajado en un burdel.
-¿En un burdel?- La voz mostró algo de sorpresa-. Siempre me habías dicho que tus padres eran unos ricos comerciantes de especias.
-Pues ya ves. La única especia era yo, ¡y cómo picaba!
-Vaya pedazo de zorra- dijo el recién llegado.
-Pues a ver tú, listillo... Que aquí nadie es un santo varón.
Un coro de voces femeninas asintieron vehementemente en un murmullo.
-...O tú, el de la cabeza pocha...- continuó ella.
-¡Malformada! ¡Mal-for-ma-da!
-...¿Acaso sólo sufriste, en tu triste vida? ¿Nunca hiciste nada que mereciera ser castigado?
-Pues...
-Sí que lo hizo- intervino una mujer-. A mí me violó y me estranguló, y luego dejó que la culpa recayese sobre otro.
-¡Calla, pardiez! Ya te pedí perdón.
-¡Oh, sí, perdón! ¡Qué profundo arrepentimiento!
-¡Anda, qué alegría!- se escuchó una voz amarga-. Conque fuiste tú, condenado cabeza de estiércol.
-¡Malformada!
-Me acusaron a mí y me colgaron de un árbol. Ahora te recuerdo, ahí de pie entre la gente, chillando como los demás. ¿Lo ve, juez? Le dije que yo era inocente, papanatas. Y seguro que el cabezabuque este murió feliz de viejo, satisfecho en su cama.
-Oh, no creas- dijo el juez-. Lo colgamos a los dos días, por robar unas gallinas.
-Mis gallinas- dijo otra voz-. Anda que no nos reímos, cuando su cabeza se puso morada... ¡Parecía un eclipse de yunque! ¡Ja, ja,ja!
-Por última vez, ¡MALFORMADA!
-Calla, demente, no chilles, que me duele justo aquí.
-Bueno...- dijo una voz que se había mantenido en silencio hasta entonces-. Yo me voy a dormir. Ha sido un placer charlar con vosotros, pero estoy algo cansado ya. Llevo doce mil setecientos años aquí sentado, y no es cosa de risa... Así que adiós.
-Adiós. Recuerdos a la Nada.
Y la voz se esfumó.
-Otro que se va. ¿Queda algún anciano todavía?
-Yo.
-Y yo.
-¿Y no tenéis nada que contar?
-No.
-Ni yo. Ya he dicho todo lo que tenía que decir. A partir de ahora sólo escucharé, hasta que me llegue a mí también la hora de dormir.
-¡Curioso! Aquí arriba también se envejece. Pues, pase lo que pase, yo voy a esperar aquí a mi mujer. Debe de estar preocupada, la pobre. ¡Hace tanto que me fui de casa!
-Pero Paco, cariño- dijo una mujer-, estoy aquí. Llevo aquí doscientos años. ¿Estás tonto?
-¡Ah! ¡Matilde! ¡Matildeee!- La voz sonaba llorosa y feliz a un tiempo.
-¡Qué casualidad! Yo también me llamaba Matilde.
-Y yo- dijeron unas cuatrocientas mil voces.
Hubo un silencio.
-Creo que voy a bajar de nuevo- dijo el recién llegado.
-¿Cómo?- exclamaron las demás voces al unísono.
-Que voy a bajar de nuevo.
-¿Pero y eso? ¿Vas a volver a tu pesado y dolorido cuerpo por tu propia voluntad? Has perdido la razón, sin duda.
-No. Necesito terminar ciertos asuntos. Es indispensable que vuelva. Os veré luego.
Y descendió invisible y retomó su cuerpo, y sintió el dolor atroz, pero no le importó.
-¡Respira!- dijo alguien-. Por Dios, menos mal.
Luces y sirenas. Una sala blanca, pitidos. Doctores. Fisioterapeutas. Pastillas e inyecciones. Muletas. Y por fin, su propia casa.
Sintió emocionado el picor infinito de la anticipación. Babeaba sin darse apenas cuenta. Se sentó con gran esfuerzo y encendió el ordenador por primera vez en varios meses. ¡Ah, por fin, por fin! La dicha.
Hizo clic en el icono correspondiente y entró en el chat con las manos temblorosas. Miró con ojos como platos la pantalla azul, su verdadero hogar, y el corazón estuvo a punto de estallarle en mil surtidores de felicidad cuando reconoció el encuadre y el espacio en blanco. Apareció una frase. Y otra. Y otra.
-PIRINDOL:Bisbis! Tío, ¿dónde te habías metido?
-GATITA: Hola Bisbis. Te hemos echado de menos.
-TARSU: Bisbis hola.
-DIMOÑO: Hola Bisbis.
-KUKOL: Hola Bisbis! Cuánto tiempo!
Sonrió a la habitación vacía, llena.
-Hola, chic@s- tecleó.

3 comentarios:

Peña dijo...

No lo había leído, gracias por meter un relato en tu blog. por cierto tenía entendido que las musas vienen sin previo aviso y sin horario fijo...

FORZA ATLETI

Álvaro de la Riva Hengstenberg dijo...

Las mías están sujetas a mi mismo convenio de Telepolling y nos da por culo a menudo, a todos. Pero, ¡yuju!, posiblemente mi cambio a turno de tarde sea ya efectivo y definitivo a partir de abril. Mientras, te dejo otro viejo relatillo breve y absurdo. Y a ver si encuentro la carpetita llena de cuentos a boli que mi bendita Ronchi extravió en unas obras, hace años ya.

mada4r dijo...

lo q hace un buen chateo.....
jajajaja